viernes, 30 de enero de 2009

Real Zaragoza: Cerrado por defunción




CERRADO POR DEFUNCIÓN



Vísperas de partido expectantes hasta llegar a París. Disfrute estético con la lírica de Carlos Lapetra, García Castany, Barbas, Juan Señor; subidón de adrenalina con los goles de Marcelino, Ocampos, Amarilla, Pichi Alonso, Diarte, Morientes, Milosevic o Villa; exaltación zaragocista con la épica de Violeta o Esnaider; velocidad de vértigo con el juego de Rico, Pardeza, Higuera o Belsúe; sobriedad serena con Santos o  Aguado; lágrimas de emoción alanzando Copas. Estos y tantos otros dieron jornadas de nivel futbolístico que superaban la normalidad para alcanzar un arte, que las retinas del zaragocismo contemplaban ensimismadas como feliz destino.

Aunque tampoco han faltado momentos duros, de esterilidad deportiva, a pesar de lo cual, aquellas vivencias coronadas por el éxito, nos han hecho sentir el orgullo de ser zaragocistas, han sido el atractivo que nos impulsaba a volver a la Romareda  cita tras cita, de tarde, de noche, con calor o con fría niebla, con la seguridad de que volverían a sucedernos.  

¡Se acabó! París nos llevó a la cumbre y de ésta al abismo progresivo, con algunos momentos ocasionalmente exitosos, cual mejoría que precede a la muerte.

El Real Zaragoza ha ido languideciendo bajo la dirección de gentes llegadas al fútbol por parentesco o por designios de un Gran Hermano con motor inmóvil. Los últimos propietarios del R. Zaragoza, no parecen destacar por su zaragocismo antes de acceder al poder. Eso es un mal. No se puede amar lo que no se conoce; no se está capacitado para sacar adelante la tarea zaragocista con eficacia, cuando la institución se convierte en un medio, y por lo tanto su prosperidad queda supeditada a otros planteamientos.

No se puede hacer peor. Sí D. Alfonso, sí D. Agapito, sí señor Bandrés, sí caballeros cuyos nombres penden del pesado organigrama de asalariados de lujo. Su proyecto ha muerto por segunda vez. Sus iconos sobre el césped han sido un bluf, ilusión vacía de realidad. Efectos mediáticos, propaganda, eso sí carísima. Humo, mucho humo, para cegar momentáneamente, para después terminar produciendo la intoxicación actual por su inhalación prolongada.

Un orate dijo: "el fútbol es un estado de ánimo". Pues por aquí, si esa expresión es cierta,  han terminado con él.

La ruina económica desmiente "el será por dinero" de hace unos meses, pero ¡que nadie tema!, ¡tranquilidad! Otro orate ha afirmado esta semana, que la economía también es un estado de ánimo. Así que el Sr. Bandrés, autoridad en la materia, ya puede ir echando cuentas para saber con cuantas sonrisas y buen talante – sea por detrás o por delante- se salda la deuda que arruina al R. Zaragoza. ¡Menos mal!

A los zaragocistas nos duele este R. Zaragoza. Contemplamos impotentes cómo se están dilapidando 75 años de historia. ¡En qué manos estamos!    

Pueden resultar al caso los versos de Calderón, no el ex del Real Madrid, sino el de la Barca.

Reflexión en versión directivos:

Reflexión en versión forofo doliente:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
… sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

 

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es el fútbol? Un frenesí.
¿Qué es el fútbol? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que todo en el fútbol es sueño,
y los sueños, sueños son.

 

 

En fin, que la cosa está como para dormirse.